Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja

 Un amplia depresión sinclinal, por cuyo centro discurre tranquilo el río Nela, conforma los llanos de Castilla la Vieja. Este territorio llano y fértil vio surgir durante los primeros siglos medievales un pequeño condado que con el tiempo daría lugar al Reino de Castilla. La Merindad de Castilla la Vieja, una de las siete merindades de Castilla Vieja, debe su nombre a que siempre fue considerada como el territorio en el que comenzó a organizarse el condado de Castilla a finales del siglo VIII.

la Merindad de Castilla la Vieja era cabeza y centro… y su tierra más fértil…”

Así lo afirmaban los representantes de esta Merindad en su defensa, a mediados del siglo XVI, de la elección de Villarcayo como sede donde residiera la Audiencia de las Merindades de Castilla Vieja. La que fue Merindad Mayor de Castilla Vieja comprendía siete merindades menores y una de ellas era la denominada “Merindad de Castilla la Vieja”.

Esta Merindad menor se dividía en tres partidos: partido de Campo, partido de Horna y Valle de Valdelugaña. Villarcayo pertenecía al partido de Horna y siempre formó parte de esta Merindad. A comienzos del siglo XIX se constituyeron el ayuntamiento de Merindad de Castilla la Vieja y el de Villarcayo separadamente. El Ayuntamiento de Merindad de Castilla la Vieja tuvo su capital en Cigüenza hasta que ambos ayuntamientos se fusionaron en uno solo a finales de 1974. Actualmente este municipio agrupa a una treintena de pueblos.

El territorio y sus gentes a lo largo del tiempo

Los pueblos prehistóricos de cazadores y recolectores, y los prerromanos, fundamentalmente ganaderos, ocuparon las zonas montañosas y las cuevas y abrigos rocosos, por lo que en este territorio apenas se han hallado restos de estas épocas. El yacimiento de Las Palomeras, cerca de Santa Cruz de Andino, parece revelar alguna ocupación durante la Edad del Hierro, pero su cronología es incierta. De tiempos de la dominación romana se han hallado escasos restos de cerámica en Cigüenza y en Villarcayo.

Celosías mozárabes de Salazar

En Salazar se conservan dos interesantes celosías, posiblemente mozárabes, aunque no puede descartarse su pertenencia a época visigoda.

Necrópolis y eremitorios rupestres

Son varias las necrópolis altomedievales, datadas entre los siglos X y XII. Estas necrópolis, tanto las antropomorfas excavadas en la roca, como las formadas mediante grandes lajas de piedra, están relacionadas con centros religiosos o eremitorios, o con pequeños núcleos de población vinculados a algún monasterio.

Los eremitorios rupestres, normalmente excavados en la roca aprovechando ciertas oquedades y abrigos, están relacionados con la expansión del cristianismo durante la Alta Edad Media. La cueva de la Mosquita, en Incinillas, es uno de estos eremitorios que alberga en su interior varios enterramientos. El complejo rupestre de Peña Horrero, cerca de Fresnedo, está formado por una extensa necrópolis excavada en la roca, restos de una probable iglesia y una zona de vivienda. En las localidades de Bocos, Cigüenza y Villacomparada de Rueda se localizan otras tres necrópolis de distintas dimensiones.

Los jueces de Castilla

Cuando Castilla se convirtió en reino, se creó la leyenda de sus orígenes y de los jueces Nuño Rasura y Laín Calvo, a quienes se atribuía un sistema de gobierno basado en los usos y costumbres, el llamado “fuero de albedrío”, dirimiendo disputas y dictando sentencias llamadas “fazañas”. Los antiguos cronistas de Castilla situaron las reuniones de este tribunal “en el lugar de Fuentezapata que después, por respeto de la judicatura, se llamó Bisjueces”. La leyenda se transformó en historia y después en mito, y el mito se materializó en piedra y pervive desde hace siglos en la portada retablo de la iglesia de Bisjueces, pueblo situado al norte de la Sierra de la Tesla en la parte más meridional de los llanos de Castilla la Vieja.

Villarcayo, capital del Corregimiento de las siete Merindades

El ascenso al trono de Enrique II de Trastamara tuvo importantes consecuencias en la configuración del poder señorial en la vieja Castilla. El ascenso del linaje de los Velasco, a quienes en agradecimiento a su apoyo el nuevo rey otorgó numerosos señoríos y propiedades, entre ellos Medina de Pomar, modificó de forma notable la estructura del poder señorial en la Merindad de Castilla Vieja, que pasó a ser Merindad Mayor, recayendo el oficio de Alcalde Mayor en los Velasco y haciéndose hereditario. A mediados del siglo XVI, Felipe II rescató para la Corona dicho oficio de Alcalde Mayor y estableció la sede del Corregimiento de las siete Merindades de Castilla Vieja en Villarcayo.

El poder señorial. Torres, casas fuertes y palacios

Un testimonio del poder señorial durante la Edad Media son las numerosas torres y casas fuertes, herederas de los viejos castillos, que dieron nombre al Condado de Castilla, y que aún se mantienen en pie. Los mejores ejemplos se encuentran en la torre del siglo XV de Santa Cruz de Andino; la de Villacomparada de Rueda; en Villalaín la casa palacio del mayorazgo de Isla; en Torme, donde se ubica la casa fuerte de los López de Salazar, en la que destacan la portada y la doble ventana del siglo XVI, elegantemente decoradas; y en Salazar, con el palacio de la familia Salazar, en el que dos elegantes torres se unen en un cuerpo central más bajo formando un bello conjunto. Otros ejemplos interesantes son las torres de La Aldea, Andino, Bisjueces, Bocos, Horna y la de Ribacardo en Villanueva la Lastra, así como las elegantes casonas renacentistas y barrocas de Villanueva la Blanca.

La iglesia, el centro simbólico de los pueblos

Iglesias y pequeños monasterios fueron en los siglos altomedievales un importante factor de concentración y sedentarización de la población, muchas veces procedente de otros lugares, como foramontanos y mozárabes. En torno a los templos se organizaron las comunidades que originaron los pequeños pueblos que perviven aún hoy en día. Son varios los templos construidos entre los siglos XI y XIII, en el estilo arquitectónico que llamamos románico, que aún se conservan, y muchos otros en los que a pesar de las modificaciones posteriores quedan restos de aquella época.

Entre las iglesias románicas mejor conservadas se encuentra la de San Salvador de Escaño, un templo de alta calidad arquitectónica y esbeltas proporciones que responde a un modelo muy extendido por la vieja Castilla. Muy cerca, la iglesia de Escanduso está considerada como una de las más pequeñas del románico universal. Templos como el de Nuestra Señora del Torrentero en Villalaín, la iglesia de San Pedro de Bocos, la de San Cristóbal en Villarías, la de San Juan Bautista de Campo, la de los Santos Mártires de Tubilla, y las iglesias dedicadas a San Martín en Torme y en Villacomparada de Rueda, conservan interesantes restos de los primitivos edificios románicos.

La mayor parte de las iglesias fueron ampliadas y reformadas en épocas posmedievales y modernas, algunas con buenísimos resultados. La iglesia de San Juan Bautista de Bisjueces es una excelente obra renacentista del siglo XVI en la que destaca su magnífica portada-retablo cargada de simbolismo. En Villarcayo un vanguardista edificio de hormigón, acero y vidrio con magníficas vidrieras y mosaicos sustituyó en pleno siglo XX a la antigua iglesia de Santa Marina.

Los pueblos, lugares para la vida y para el trabajo

Reducidas comunidades de agricultores, ganaderos, artesanos y comerciantes surgidas en torno a la iglesia y el cementerio y vigiladas por las torres de los señores, constituyen los pequeños pueblos de esta antigua merindad de Castilla la Vieja. Las modestas construcciones populares de época medieval fueron sustituidas a partir de los siglos XVII y XVIII por grandes casas de piedra en las que sus potentes muros de mampostería se encuentran reforzados con buenos sillares en las esquinas y recercando las pequeñas y escasas ventanas. Muchas de las casas populares, con tejados a tres y cuatro aguas, lucen grandes solanas de madera que se extienden a lo largo de la fachada principal. Este modelo de vivienda responde a una tipología muy habitual en toda la zona montañosa del Alto Ebro, conocida como casa montañesa.

Las casas de estos pueblos son el centro de la economía familiar, basada en la agricultura y en la ganadería, por lo que muchas de ellas tienen pequeños edificios auxiliares como pajares, así como un pequeño patio que precede a la vivienda y al que se accede por un gran portón de madera.

Además, las fuentes, abrevaderos, lavaderos, puentes, horneras, boleras, potros de herrar, así como rollos de justicia, cruceros y otros elementos urbanos cargados de historia y de simbolismo otorgan su propia personalidad a cada uno de estos pequeños pueblos.

Conjuntos urbanos como el de Torme, Villanueva la Blanca, Salazar o Villalaín, además del de Villarcayo, poseen interesantes muestras de arquitectura culta, con grandes casonas, muchas de ellas blasonadas, bellamente decoradas con elegantes ventanas y portadas con arcos de dovelas finamente talladas.

Villarcayo, centro administrativo, comercial, cultural y deportivo

Villarcayo es el centro de servicios de los pueblos del municipio. Tanto su entramado como su arquitectura responden a un modelo más urbano que rural. La arquitectura culta y la popular se integran perfectamente en esta villa en la que las características solanas de la arquitectura popular de los pueblos vecinos se han convertido en elegantes miradores.

Villarcayo cuenta con importantes instalaciones culturales y deportivas, así como con un área de esparcimiento a orillas del Nela, en El Soto, en donde todos lo lunes se celebra, desde 1571, el tradicional mercado semanal. Además, todos los años tienen lugar otras dos ferias, la de Pascuilla y la del Corpus, ésta de gran tradición ganadera.

En Villarcayo, las fiestas patronales en honor de Santa Marina a mediados de julio, en las que se celebra la popular verbena de “Las Guindas”, compiten con las de San Roque, celebradas a mediados de agosto. En los meses estivales, los distintos pueblos de la Merindad también celebran sus animadas fiestas patronales.

La actividad cultural y deportiva está presente a lo largo del año con numerosos eventos, como el Carnaval, la Semana Santa, o los realizados en torno al mundo del caballo, y gracias a la colaboración de las asociaciones villarcayesas y a las inmejorables instalaciones culturales y recreativas existentes.

Los productos gastronómicos de Villarcayo gozan de una excelente y merecida fama. El chorizo ha dado gran renombre a la villa, al igual que otros productos cárnicos como las morcillas, el cordero o las carnes de vacuno, que cuentan con una marca de garantía controlada.Las patatas fritas, los quesos frescos, la miel, los productos hortícolas y el afamado licor de guindas son otras de las exquisiteces, sin olvidar los productos que ofrece el medio natural, como las setas de temporada, las truchas o las piezas de caza.

PATRIMONIO NATURAL

Sierra de la Tesla

La Sierra de la Tesla se eleva majestuosa al sur de los llanos de Castilla la Vieja, separando las cuencas del Nela y del Ebro que discurre por el Valle de Valdivielso. Peña Corba, a la que se puede acceder partiendo de Bisjueces, es la máxima altura de esta sierra. Muy cerca de esta cima se encuentra una bella formación rocosa en forma de ventana conocida como el “Túnel del Viento”.

Entre la Sierra de la Tesla y la de Tudanca, el Ebro excava el estrecho desfiladero de los Hocinos antes de penetrar en el amplio valle de Valdivielso.

Riberas de los ríos Nela y Trema

Los ríos Nela y Trema riegan las tierras de la depresión de Villarcayo. El Trema vierte sus aguas al Nela cerca de la localidad de Bocos. Las riberas del Nela están incluidas dentro de la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Existe un recorrido circular por sus riberas, el sendero balizado “PRC-BU 145”, que parte desde el magnífico entorno natural de El Soto en Villarcayo.

Rutas para caminantes

Para los amantes del senderismo existen varias opciones. El sendero de gran recorrido “GR-1 Sendero Histórico” entra en el territorio por el alto de Bocos, para atravesar Torme, Villanueva la Blanca y Salazar y continuar hacia la merindad de Valdeporres. El “GR-99 Camino Natural del Ebro” pasa por la localidad de Remolino para adentrarse después en el desfiladero de los Hocinos. Otros cinco senderos de pequeño recorrido nos ayudarán a descubrir el entorno de esta vieja merindad: el “PRC-BU 145 El Nela y el Trema”, el “PR-BU 146 Peña Horrero”, el “PRC-BU 147 La Ribera del Nela”, el “PRC-BU 148 Los Jueces de Castilla” y el “PRC-BU 149 Camino de Villarías”.

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