Valle de Mena

 Varios ríos que vierten sus aguas en el Cantábrico, siendo el Cadagua el principal, configuran este verde valle atlántico que, oculto entre las alturas de las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, constituye un paso natural entre los puertos cantábricos y el interior de la meseta.

El valle de Mena, en el que apenas se sintieron las consecuencias de las aceifas musulmanas que asolaron la cuenca del Alto Ebro en los siglos VIII y IX, tuvo una especial significación en la construcción de la Castilla primitiva. Este valle, junto con el de Losa y el de Ayala, fue el punto de partida del importante movimiento de población del territorio situado junto al Alto Ebro que pronto empezaría a conocerse como Castilla.

Los túmulos de Ordunte y el castro de Socueto

Estas tierras fueron pobladas desde épocas muy remotas. En algunos lugares del valle se han localizado restos de túmulos que podrían ocultar enterramientos dolménicos del Neolítico o del Calcolítico como los de Ordunte en donde se han hallado también restos de hogares. También se han localizado algunos enterramientos en cista de la Edad del Bronce. Cerca de Opio, en el alto de Socueto, en un espigón rocoso con cortados naturales entre dos arroyos, se encuentran los restos de las murallas que delimitaban dos recintos castreños de la Edad del Hierro. El nombre de la población situada a sus pies, Opio, podría derivar del latín “oppidum” haciendo alusión a estas fortificaciones.

Los miliarios romanos

El proceso de romanización de la península también afectó a este valle, ya que fue atravesado por una importante vía, la que enlazaba Pisoraca y Flaviobriga. Además de algunos restos de calzada empedrada y puentes de cronología dudosa, se conservan tres miliarios que certifican la existencia de la mencionada vía romana, el de Nava de Mena, el de Gijano y el de Santecilla, conocido como el miliario de El Berrón.

… in territorio Castelle”

Un diploma del año 800 en el que se reseña la fundación del monasterio de San Emeterio y San Celedonio “in loco qui dicitur Taranco in territorio Mainense”, y de la iglesia de San Martín “in civitate de Area Patriniani, in territorio Castelle” ha sido considerado por muchos historiadores como el documento que contiene la primera aparición por escrito del nombre de Castilla.

Los fundadores de Taranco hicieron “presuras” y poblaron las tierras altas, sobre el valle, donde edificaron el mencionado monasterio de San Martín. Estas fundaciones, así como la “basílica” de San Esteban de Burceña, fueron hechas con la finalidad de prestar ayuda “servis Dei et peregrinorum vel ospitum”, lo que da una idea de la importancia que tuvo esta zona como lugar de paso de peregrinos.

Los templos románicos

Las buenas comunicaciones y la existencia de la antigua vía romana facilitaron el paso por este valle de uno de los itinerarios de peregrinación a Santiago de Compostela. Este camino fue durante los siglos altomedievales una de las vías de penetración de las influencias exteriores que introdujeron en Castilla el estilo arquitectónico que conocemos como “Románico”.

Son varios los templos en los que aún se puede apreciar la interesante arquitectura románica que se extendió por este valle. San Lorenzo de Vallejo y Santa María de Siones son dos joyas del arte románico que sorprenden por su estilo peculiar, la elegancia de sus formas y la extraordinaria calidad y originalidad de su ornamentación escultórica. Otros vestigios de este estilo se pueden encontrar también en varias iglesias del valle, como en la de San Pelayo de Ayega, en la portada de San Pedro de Bortedo, en la iglesia de San Esteban de Burceña, el interesante tímpano de la iglesia de El Vigo y el excepcional sepulcro románico conservado en la iglesia de Vivanco.

Este logar es de la orden de Sant Iohan”

Según el libro Becerro de las Behetrías, inventario de los señoríos castellanos realizado a mediados del siglo XIV por orden de Pedro I, el lugar de Vallejo, al igual que muchos otros de los pueblos del valle de Mena, pertenecía a la Orden de San Juan de Jerusalén. Esta Orden hospitalaria tuvo en Vallejo la cabeza de una de las encomiendas del Gran Priorato de Castilla. El carácter hospitalario de esta Orden la vinculaba habitualmente a establecimientos religiosos situados en las rutas de peregrinación y estuvo relacionada con la expansión en Castilla del arte románico.

e vino a poblar a Mena e fizo la torre de Ungo”

El Valle de Mena fue tierra de fronteras durante muchos siglos. Perteneció al Condado de Castilla, pero tras la muerte de Sancho el Mayor pasó a formar parte de la Corona de Navarra. En el año 1076 se integró definitivamente en el reino de Castilla, pasando a formar parte posteriormente de la Merindad de Castilla Vieja.

Varios linajes como los Velasco, los Angulo, los Salazar de La Cerca y los Vivanco crearon importantes señoríos en el valle, en donde construyeron sus torres y sus casas solariegas, extendiendo su influencia por los territorios limítrofes. Fue el señor de Bortedo, Lope Saenz de Mena quien en 1199 fundó la villa de Valmaseda.

Testigos de aquellos tiempos en los que los diferentes linajes luchaban por el control de estos territorios son las torres y castillos que aún permanecen en pie. El conjunto defensivo más espectacular del valle y quizá de todos los que se conservan en lo que fue la primitiva Castilla, es probablemente el del castillo de Lezana de Mena. Se trata de una potente torre almenada rodeada de una sólida barbacana. Fue construida en sillarejo de buena calidad a finales del siglo XIV por uno de los más importante linajes de la comarca, los Velasco. También de los Velasco es la torre del siglo XV de Villasana de Mena a la que se alteró su primitiva estructura para adaptarla a vivienda. Son varias las torres de la misma época que jalonan este territorio, entre otras, las de Cozuela, Maltranilla y La Llana.

Que es de la jurisdicción Real del Valle de Mena”

Esta es parte de la respuesta dada a la primera pregunta del interrogatorio de 1749 del llamado Catastro de Ensenada en todos los pueblos del Valle de Mena, excepto en el de Villasana que dice “que es de señorío del conde de Noblexas”.

Durante algún tiempo el Valle de Mena perteneció al Señor de Vizcaya y se gobernó por sus fueros, pero a finales del siglo XV ya se había separado de Vizcaya, integrándose en el Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa del Mar, formado por Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera. A excepción de Villasana, que pasó a manos del poderoso linaje de los Velasco y posteriormente al conde de Noblejas, el territorio formado por lo que se conoció como Valles de Mena y de Angulo, Jurisdicción de Ordunte y Valle de Tudela y Relloso fue de realengo durante la época Moderna y sus pueblos pertenecieron al Partido de Laredo. En el siglo XIX se crearon los ayuntamientos constitucionales y el Valle de Mena quedó integrado en la provincia de Burgos.

Arquitectura popular e indiana

La situación del valle en la vertiente cantábrica con un clima húmedo y fresco condiciona tanto la tipología urbana en la que abunda el hábitat disperso en torno a pequeños conjuntos urbanos, como la arquitectura popular en la que se detectan influencias del caserío vasco y de la típica casa montañesa característica de la comarca del Alto Ebro. En varias localidades se conservan aún buenos ejemplos de las más antiguas construcciones con entramados de madera, anteriores a las grandes casas de piedra cuyos antecedentes no se pueden situar más allá del siglo XVII. Fuentes, abrevaderos, lavaderos y potros públicos son también buenos ejemplos de arquitectura popular que enriquecen los conjuntos rurales de este bucólico valle.

La emigración a América durante el siglo XIX y el regreso a sus pueblos de origen de aquellos emigrantes que hicieron fortuna dio lugar a un tipo de construcciones que, sin abandonar del todo características de la arquitectura tradicional, incorporaban estilos arquitectónicos modernos relacionados con los neohistoricismos y con la arquitectura señorial. Se trata de grandes casas en forma de palacetes, ennoblecidas con blasones en sus fachadas, y rodeadas de bellos jardines con árboles exóticos.

Ferrerías y Molinos

La abundancia de ríos y arroyos que surcan este territorio hizo que fueran aprovechados para la instalación de numerosos molinos y ferrerías a lo largo de sus cauces. En Mena, todavía son visibles los restos de unos 45 molinos y 9 ferrerías situados, en su gran mayoría, en el cauce del río Cadagua. El último molino en cesar su actividad fue el de Vallejo, a finales de los años 90.

Puertos, caminos, calzadas y el ferrocarril

La privilegiada situación geográfica del Valle de Mena, en el eje de las principales rutas comerciales entre la meseta y los puertos cántabros, hizo que existieran numerosos pasos de montaña y caminos transitados desde hace siglos. El Puerto de la Magdalena, con su calzada empedrada de origen medieval o el Túnel de la Complacera, construido para facilitar el transito de materias primas desde Losa hasta la estación de tren de Mercadillo, son dos buenos ejemplos. De igual manera se ha de mencionar la Calzada de Mena o Camino Real de las Enderrozas, tradicionalmente conocida como la calzada romana sin que se haya podido probar ese origen.

Este valle es cruzado por el ferrocarril de Bilbao – La Robla que tuvo una gran importancia durante mucho tiempo en las comunicaciones del Valle de Mena con la industriosa villa bilbaina y su entorno.

Santuario de la Virgen de Cantonad

Sobre la localidad de Vivanco, en la cima de una colina, se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Cantonad, patrona del Valle de Mena. Allí, cada 8 de mayo, los meneses se reúnen para honrar a su patrona con la celebración de misa mayor, danzas tradicionales, degustaciones de productos típicos, comida campestre y animada romería. Desde las campas que circundan el santuario se tienen unas vistas espectaculares de buena parte del valle.

El chacolí

Ya desde el siglo IX se tiene constancia escrita del cultivo de la vid en el Valle de Mena. El vino que aquí se produce se llama chacolí y según Madoz, y su famoso diccionario, el chacolí se producía no sólo en el País Vasco, sino también en las Montañas de Burgos, zona que engloba todo el tercio norte de la provincia, hasta Miranda de Ebro. Actualmente, este caldo singular se sigue produciendo a pequeña escala.

PATRIMONIO NATURAL

El Valle de Mena destaca por sus excelentes espacios naturales, donde la exuberante vegetación, en la que conviven hayas, encinas, arces, pinos, madroños y robles junto a otras especies, se alterna con amplios y verdes pastizales. La ganadería ha supuesto durante décadas la principal fuente de ingresos de los meneses.

La formación geológica más importante del valle, y que ha influido también en la conformación de un espacio singular con unas características propias, es el Diapiro de Mena. La Turbera del Zalama, de tipo cobertor, es otro de los espacios naturales que requieren especial atención y cuidado, así como el bosque de Loros (laurel portugués) existente en los montes de Ordunte. El nacimiento del río Cadagua, las numerosas cascadas que hay en el valle, los pantanos y las riberas de los ríos son otras zonas de gran interés.

Montes de la Peña y de Ordunte

El Valle de Mena se encuentra limitado por los Montes de Ordunte al norte y por el crestón calizo de los Montes de la Peña al sur. Situados en la zona más oriental de la Cordillera Cantábrica, sirven de frontera natural con la comunidad cántabra y vasca, al norte, y con el valle de Losa y la Junta de Traslaloma (Burgos), al sur. Están incluidos dentro de la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

El Diapiro de Mena

A los pies de los Montes de la Peña y con una superficie de 35 km2, el diapiro salino de Mena crea un valle en forma de cubeta drenado por el río Cadagua. Localizado desde las faldas de los Montes de la Peña, al sur y oeste, hasta Ovilla, al este, y Ordejón, al norte, el Diapiro de Mena es uno de los más importantes de la zona oriental de la Cordillera Cantábrica.

Turbera del Zalama

En lo alto del Monte Zalama se localiza una de las mayores turberas de tipo cobertor de Castilla y León. La formación de estas turberas se realiza por la conversión de un terreno seco en cenagoso gracias a abundantes lluvias, nieve y nieblas y a veranos frescos y húmedos. Su excepcionalidad radica en ser la turbera más oriental de España y en tratarse del tipo de turbera más raro y amenazado del mundo.

Nacimiento del río Cadagua

El río Cadagua tiene su nacimiento en un bello enclave situado bajo el Puerto de la Magdalena, en los Montes de la Peña. Es una surgencia de origen kárstico, que se encuentra en el interior de una cueva llamada El Bocarón o la Cencerrona, a la que se llega por el camino rural que va desde Cadagua hasta Lezana.

Pantanos de Ordunte y de Tudela

El Pantano de Ordunte se sitúa en las faldas de los Montes de Ordunte y recoge las aguas de los ríos Ordunte y Cerneja. Construido en 1934 para abastecer de agua a Bilbao, todo su perímetro es recorrido por el sendero Camino del Calcolítico, en referencia a los restos de asentamientos de la Edad del Cobre encontrados en las inmediaciones. El Pantano de Tudela se localiza en el límite entre el Valle de Mena y el valle de Ayala, en Álava, y fue construido para dar servicio a la localidad alavesa de Arceniega.

Cascadas del Peñaladros y San Miguel (Valle de Angulo)

En el singular valle de Angulo podemos observar dos preciosas cascadas que forma el río San Miguel. En el cortado rocoso de Sierra Salvada, en la entrada del río al valle, se encuentra la cascada de San Miguel, observable en épocas de fuertes lluvias y deshielo y con un desnivel de 200m. En el pueblo de Cozuela, el mismo río forma la bella cascada del Peñaladros.

Cascadas de Aguasal y del Hijuela

El río Ordunte, cerca de su nacimiento, forma una pequeña y poco conocida cascada llamada Aguasal. El pequeño río Hijuela forma dos cascadas de gran belleza entre Irús y Arceo. A ellas se puede acceder desde la calzada empedrada que, partiendo de la iglesia de Irús, llega hasta Arceo y que se encuentra balizada como Calzada de Mena o de las Enderrozas.

Hayedos de Leciñana y Haedo

En las inmediaciones de estas dos localidades, la primera situada en la subida del puerto del Cabrio y la segunda en el valle de Angulo, se pueden visitar dos bellos hayedos. En las faldas de los Montes de la Peña, sobre los pueblos de Siones, Vallejuelo o Sopeñano, también podremos pasear por estos sombríos y mágicos bosques.

EL GR-85

Desde Villasana parte el sendero GR-85 que, con casi 165 kilómetros, recorre la mayor parte de Las Merindades. La primera etapa va desde Villasana hasta Castrobarto, al otro lado de los Montes de la Peña. En este tramo, el sendero, balizado con marcas blancas y rojas, coincide con el recorrido de la ruta Camino de los Peregrinos, llamada así por tratarse de una vía secundaria del Camino de Santiago. Además de éste, el valle cuenta con una amplia red de senderos de pequeño recorrido.

Bibliografía:

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  • MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo, El Condado de Castilla (711-1038). La historia frente a la leyenda, Valladolid, 2005.

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  • ZABALZA DUQUE, Manuel, Colección Diplomática de los Condes de Castilla, Junta de Castilla y León, 1998.