Valle de Manzanedo

 El río Ebro, en su cuenca alta, después de circular durante varios kilómetros encajonado entre los altos farallones calizos de los “cañones del Ebro”, atraviesa el estrecho desfiladero de los Tornos y se remansa en el Valle de Manzanedo antes de llegar al desfiladero de los Hocinos, por el que se asoma al verde y fértil Valle de Valdivielso.

El actual municipio de Valle de Manzanedo, compuesto por casi una veintena de pequeños pueblos, granjas y aldeas, abarca varios territorios geográficamente diferenciados. A orillas del Ebro y su afluente el Trifón, cerca de las vegas más fértiles regadas por el río, se reparten los núcleos más poblados. En la margen izquierda del Ebro, adentrándose entre estrechos vallejos y ocultándose tras pequeños cerros, pequeñísimos pueblos, algunos abandonados, se esconden en las laderas que ascienden hacia la parte más alta del anticlinal de Leva, en la zona conocida como el “Rojo”. Hacia el suroeste, a mayor altura, dominando los pasos del Ebro, en la pequeña sierra de la Albuera, y a la sombra de las ruinas del viejo castillo de Arreba, se encuentran los pueblos que constituyeron el núcleo principal del antiguo alfoz de Arreba y que hasta el siglo XX se encontraron unidos administrativamente a Valdebezana.

Este agreste territorio, históricamente poco poblado, en el que la intervención del hombre sobre el paisaje ha sido escasa, hoy en día es un reducto de naturaleza en estado puro. Sus pueblos han vivido durante siglos con una economía de subsistencia y alejados de las antiguas vías de comunicación, lo que se aprecia en el aspecto medieval que todavía muestran sus pequeñísimos conjuntos rurales, y en el buen estado de conservación de su arquitectura popular y de sus sencillas iglesias románicas que han sufrido pocas modificaciones a lo largo de los siglos.

De los castros prerromanos a las aldeas medievales

La arqueología ha documentado en esta zona la existencia de varios castros ocupados probablemente por pequeños pueblos ganaderos en la Edad del Hierro. El castro de San Miguel de Cornezuelo situado sobre un espolón rocoso con un extraordinario dominio visual sobre los pasos del Ebro, y muy cerca el castro de Manzanedo, también situado estratégicamente, son el testimonio de aquellos tiempos remotos.

Numerosas cuevas y pequeños abrigos en la roca, propios del relieve kárstico característico de este valle, fueron habitados probablemente hasta la Alta Edad Media, siendo bastante tardía, al parecer, la formación de los pequeños núcleos aldeanos que han persistido hasta la actualidad.

De los eremitorios rupestres a los grandes monasterios

Un factor importante en la sedentarización de la población y en el nacimiento de las aldeas medievales fueron los asentamientos de pequeñas comunidades monásticas. En esta zona, al igual que en muchos otros lugares del Alto Ebro, se conservan los restos de pequeños eremitorios excavados en la roca: la Cueva de San Pedro en Argés, y la Cueva de los Moros en Manzanedo. Cerca de Crespos, las llamadas “Tumbas de los Moros” son un conjunto de sepulcros antropomorfos excavados en la roca que corresponden también a este momento histórico.

Estos eremitorios fueron el antecedente de monasterios propios o familiares como el que existió en Rioseco hasta el siglo XII. Eran pequeños templos en torno a los cuales vivían unas pocas familias. El año 1171, Martino Martini de Uizozes y sus hijos donaron a la comunidad de monjes de Quintanajuar lo que llamaban un “proprium monasterium nostrum quod uocitat Sancta Maria de Riuo Sicco”. Algunos años más tarde, los monjes se trasladaron a este monasterio y poco después iniciaron la construcción de uno nuevo. Durante varios siglos el monasterio de Rio Seco fue uno de los más importantes de Castilla y tuvo un gran papel en la formación de los pueblos y granjas del Valle de Manzanedo.

Lo que hoy es la iglesia de San Miguel de Cornezuelo, también fue un viejo monasterio de propiedad particular, que en el siglo XIV era de “Lope Garçia e de Pero Gonçalez su hermano”.

situm in alfoz de Arrebis…”

Una de las primeras menciones documentales del alfoz de Arreba, antigua demarcación territorial del Condado de Castilla vinculada al castillo del mismo nombre situado en un lugar estratégico, aparece en un documento del año 1139. Se trata de un documento por el que Alfonso VII donaba diversas propiedades al monasterio de Quintanajuar, cuya comunidad se trasladó a finales del mismo siglo a Rioseco.

El alfoz de Arreba, limítrofe con el de Tedeja, abarcaba un amplio territorio que incluiría probablemente el actual valle de Manzanedo, además del de Zamanzas y parte de Valdebezana.

De la propiedad señorial

El nombre de Manzanedo no aparece en la documentación hasta una carta de venta de un solar en Rioseco del año 1204, en la que aparece como testigo un tal Petrus de Maçanedo. El pueblo de Manzanedo, dio nombre al valle. Desde finales del siglo XI, existía una familia cuyos miembros se titulaban como señores de Manzanedo y es muy probable que tuvieran un importante papel en la población de este territorio. El primer señor de Manzanedo del que hay noticias escritas fue Gómez González de Manzanedo que aparece, en el año 1171, como testigo en el documento de donación del viejo monasterio de Rioseco antes mencionado como “Gomiç Gundisalui, tenente Arreba et Uezana et Campo”.

En el siglo XIV, en los pueblos del Valle de Manzanedo, tenían numerosas propiedades, solares y behetrías los Velasco y alguna los Porres. Los Sarmiento tenían bastantes solares en los pueblos de Arreba. También tenían algunas propiedades el señor de Vizcaya, el monasterio de Rioseco y el de San Martín de Elines.

El Valle de Manzanedo no se integró plenamente en el Corregimiento de las siete Merindades de Castilla Vieja hasta finales del siglo XVII en que pasó a formar parte de la Merindad de Castilla la Vieja. Cidad de Ebro, Vallejo, Arreba, Población de Arreba y Crespos fueron de jurisdicción señorial del marqués de Cilleruelo, en el Partido de Laredo, y nunca pertenecieron al Corregimiento de las siete Merindades de Castilla Vieja.

De la arquitectura rural

Los pequeñísimos conjuntos rurales de este municipio, extraordinariamente bien conservados en general, constituyen un ejemplo de la arquitectura popular de toda la comarca del Alto Ebro. A la variedad de trazados urbanos, semidispersos algunos y formando bellísimos conjuntos perfectamente integrados otros, se une la variedad arquitectónica aún dentro de una cierta homogeneidad. Predomina el tipo de casa montañesa con amplias solanas en sus fachadas, en muchos casos protegidas lateralmente con cortafuegos apoyados sobre elegantes ménsulas. En muchos casos las casas se encuentran precedidas de un pequeño patio al que se accede a través de un gran portón.

Algunos de sus pueblos cuentan también con buenos ejemplos de arquitectura señorial, como es el caso de la arruinada torre de Manzanedillo, y alguna que otra casa blasonada con portadas y ventanas elegantemente trabajadas, principalmente en Cidad de Ebro, aunque no faltan en otros pueblos como Arreba, Crespos o Consortes.

De los templos románicos a la armonía del Renacimiento

Una economía de subsistencia y por lo tanto una escasez de recursos ha propiciado la conservación de sus primitivos templos románicos en los que se han realizado pocas intervenciones a lo largo del tiempo. Fue en los últimos decenios del siglo XX cuando el abandono y la ruina comenzó a destruir lo que había permanecido inalterable a lo largo de varios siglos. Sin embargo, en los últimos años, gracias al entusiasmo y al esfuerzo de los escasos vecinos de estos pueblos, se están empezando a recuperar.

Las bellísimas iglesias románicas de Crespos, San Miguel de Cornezuelo, Manzanedo y San Martín del Rojo constituyen ejemplos de un románico popular con una gran personalidad. También son interesantes la pequeña y sencilla ermita románica de la Virgen Blanca de Cidad de Ebro y algunos restos en otras iglesias como en la de Peñalba.

El monasterio de Santa María de Rioseco es un perfecto paradigma de la integración de estilos arquitectónicos a lo largo del tiempo. Al templo construido en el siglo XIII según los austeros modelos utilizados por los cistercienses, se añade un elegantísimo claustro renacentista de estilo herreriano que sustituyó al primitivo.

PATRIMONIO NATURAL

Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón

Una parte importante de este municipio se encuentra dentro del Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón. La gran belleza de un paisaje modelado por el río Ebro y su afluente el Rudrón, excavando profundos cañones y angostos desfiladeros, y creando un espectacular relieve, así como la diversidad de especies animales y vegetales que viven en este entorno y la excelente conservación de las masas forestales justificó la declaración de esta zona como Parque Natural y su inclusión en la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Desfiladero de los Tornos y Ribera del Ebro

El río Ebro penetra en el Valle de Manzanedo excavando el estrecho desfiladero de los Tornos y formando parajes de gran belleza. Las masas boscosas, predominantemente de encinas y robles, destacan entre los afloramientos de la roca caliza de los espectaculares relieves por los que avanza el Ebro, en cuyas riberas, los altos y estilizados chopos junto con alisos y sauces delimitan su cauce. Las riberas de este río también están incluidas dentro de la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

La vegetación de este territorio, situado en una zona de transición entre las regiones bioclimáticas atlántica y mediterránea, se caracteriza por grandes contrastes entre las zonas más altas en las que predominan los bosques de haya y aquellas otras en las que la encina y el roble quejigo, junto a sabinas y enebros configuran el paisaje. La escasa densidad poblacional favorece una fauna muy variada. Corzos, liebres, jabalís, tejones, zorros y una gran cantidad de especies de aves de todo tipo se pueden observar con facilidad.

Rutas para caminantes

Dos son los senderos de gran recorrido que atraviesan el Valle de Manzanedo: el GR-85-Ruta de los Sentidos pasa por Cidad, San Miguel de Cornezuelo y Consortes para continuar su camino hacia el valle de Valdebezana. El GR-99-Caminos del Ebro entra al valle por el desfiladero de los Tornos y sale en las inmediaciones del desfiladero de los Hocinos, camino del Valle de Valdivielso.

Bibliografía:

  • LÓPEZ MARTÍNEZ, Nicolás, Monasterios primitivos en la Castilla Vieja (s. VI-XII), Burgos, 2001.

  • MARTÍN VISO, Iñaki, Poblamiento y estructuras sociales en el norte de la Península Ibérica (siglos VI-XIII), Salamanca, 2000.

  • MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo, Libro Becerro de las Behetrías. Estudio y texto crítico, León, 1981.

  • MONREAL JIMENO, Luis Alberto, Eremitorios rupestres altomedievales (El Alto Valle del Ebro), Bilbao, 1989.

  • RUIZ VÉLEZ et alii., Arqueología del norte de Burgos, Villarcayo, 1987.

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