Merindad de Valdivielso

 El Ebro, cuyas aguas han excavado ya, en su corto recorrido, profundos cañones y estrechos desfiladeros, llega al amplio y fértil valle de Valdivielso, asomándose por el desfiladero de los Hocinos, y lo recorre con cierta pereza, como si quisiera recobrar fuerzas antes de volver a horadar un nuevo desfiladero, precisamente el de “La Horadada”.

Los altos páramos de la meseta castellana por el sur y la abrupta Sierra de la Tesla al norte forman el pasillo natural por el que discurre el río Ebro regando los campos, huertos y frutales de un territorio en el que a la riqueza agrícola y ganadera se unió durante siglos un importante papel como lugar de paso para el comercio entre la meseta castellana y la cornisa cantábrica. El antiguo camino de la lana, también llamado “del pescado”, descendía de los páramos adentrándose en el valle para cruzar el Ebro por el puente de Puente Arenas y continuar hacia Medina y desde allí hacia los puertos del Cantábrico.

Los paisajes

Este valle ocupa una zona de transición entre las regiones bioclimáticas atlántica y mediterránea, entre la montaña cantábrica y los páramos de la meseta. Tanto su vegetación como su orografía presentan una gran diversidad en numerosos escenarios naturales de incomparable belleza.

Huertas, frutales y fincas de cereal alternan junto con encinas y robles y la típica vegetación ribereña. Pequeños pueblos repartidos por todo el valle que se integran perfectamente en este paisaje, con sus iglesias románicas, casonas, palacios, torres y una arquitectura popular que tiene en la madera y la piedra sus principales elementos, son la aportación que el hombre ha hecho durante siglos a este bello paisaje.

La Sierra de la Tesla

Al norte del valle, y sirviendo de frontera natural con la Merindad de Cuesta Urría, se eleva la Sierra de la Tesla. Esta sierra está incluida dentro de la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Grandes crestas calcáreas y sorprendentes fenómenos geológicos enriquecen el paisaje del valle situado a sus pies. Las afiladas agujas que forman los denominados “Cuchillos” de Panizares, el impresionante paraje de los Cárcabos, cerca de Quecedo, el estrecho desfiladero de Arroyo, así como la hoz y la bella cascada de Tartalés de los Montes son algunos de los espacios naturales más sobresalientes de los que se pueden encontrar en esta sierra.

La ribera del río Ebro y el desfiladero de los Hocinos

El río Ebro atraviesa el valle de Valdivielso penetrando por el desfiladero de los Hocinos y saliendo de él por el desfiladero de la Horadada. Su bosque de ribera destaca por la presencia de chopos, alisos, sauces y fresnos junto con otras especies como quejigos, boj, madroños, encinas y robles. Sus riberas están incluidas dentro de la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

Los bosques de Valdivielso

La vegetación del valle de Valdivielso engloba especies como la encina, el roble, el boj o el enebro e incluso el haya en las zonas más sombrías. Bosque de pinos podemos encontrar en la localidad de Condado y encinares en el pueblo de Toba. También podemos observar fantásticos ejemplares de tejos centenarios cerca de Panizares.

Los pueblos prerromanos

Cántabros y autrigones fueron los pueblos prerromanos mencionados por los autores latinos que entraban en contacto en esta zona del Alto Ebro. La actividad pastoril de los cántabros los ubicaba en las zonas más montañosas, mientras que los autrigones, al parecer con una mayor dedicación a la agricultura, ocuparían las riberas del Ebro. Estos pueblos dejaron en este territorio testimonios de su paso por la historia, como el asentamiento castreño del Monte Sagrero, muy cerca de Condado de Valdivielso. Este castro de cronología dudosa se sitúa en un lugar de buena visibilidad, y está formado por dos recintos delimitados por sendas murallas y unos profundos cortados sobre el Ebro.

Los eremitas: “In Keceto cella sancti Florenti…”

Eremitas que se retiraban a los yermos para hacer oración en soledad, algunos probablemente mozárabes que huían de las persecuciones religiosas del califato omeya, acondicionaron cuevas y levantaron efímeros edificios donde instalaban sus pequeños templos. Hay referencias documentales medievales a varios eremitorios o “cellas” en este valle, como el de San Florencio en Quecedo, entre otros.

Entre Quecedo y Arroyo, en los impresionantes escarpes rocosos de los Cárcabos se encuentran las conocidas popularmente como “Cuevas de los Moros”. Se trata de varias oquedades excavadas en la pared vertical de la roca, a las que se ha atribuido un destino funerario, aunque no se descartan otros usos. Parecen estar relacionadas también con la existencia de un posible eremitorio altomedieval.

Los monjes: “San Petri et Pauli in Valle dicto de Besso prope Iberum flumium…”

Es indudable la gran importancia que tuvieron los centros eclesiásticos en la formación de los asentamientos que dieron lugar a los conjuntos rurales que todavía perviven hoy en día. Los viejos eremitorios evolucionaron hacia pequeños cenobios en torno a los que se organizaron comunidades rurales. Son numerosos los monasterios documentados en este valle. La mayoría de ellos fueron absorbidos por grandes cenobios como el de San Salvador de Oña, otros se mantuvieron como templos parroquiales y muchos otros han desaparecido.

El más importante de estos monasterios fue el de San Pedro de Tejada, al que estuvieron vinculadas hasta doce iglesias y monasterios de Valdivielso. Un diploma de fecha dudosa, al parecer del año 863, hace referencia al pacto monástico que reunió a varios monjes bajo la autoridad de un abad en San Pedro de Tejada. Este monasterio, como muchos otros pasó a formar parte del patrimonio del de San Salvador de Oña y se convirtió en su más importante priorato.

Una muestra de la importancia y de la prosperidad de San Pedro de Tejada es la espléndida iglesia románica construida a mediados del siglo XII y que todavía hoy se puede admirar. Su traza arquitectónica tuvo una gran influencia en muchas otras iglesias construidas posteriormente como la de San Miguel Arcángel de Valdenoceda y la de San Nicolás de El Almiñé.

De la misma época y también construidas en estilo románico son las iglesias de Panizares, Puente Arenas y Tartalés de los Montes. Además de éstas, aunque muy reformadas, conservan todavía elementos románicos la iglesia de Santa María y la de San Pedro de Condado, la de Hoz de Valdivielso y la iglesia de San Esteban de Toba.

Los señores: “an por sennor a Garçi Ferrandez Manrique…”

Este valle, que fue una tierra fronteriza entre el naciente reino de Castilla y el reino de Navarra, padeció durante los primeros siglos medievales las aceifas musulmanas, surgiendo una clase militar de señores de castillos y vasallos que fue consolidando su poder señorial.

A mediados del siglo XIV, según consta en el libro Becerro de las Behetrías, muchos de los pueblos de este valle eran de behetría de Garcia Fernández Manrique, adelantado mayor de Castilla. Los Velasco, los Villalobos, el señor de Vizcaya y el abad de Oña, disfrutaban también de varios señoríos y behetrías.

Castillos, torres, palacios y casas fuertes repartidos por todo el valle son la expresión del poder señorial. Algunos con funciones defensivas, fiscales y estratégicas y todos ellos dotados de un enorme simbolismo.

El castillo de Malvecino, encaramado sobre los riscos y con un excelente dominio visual de todo el valle, se encuentra en un lugar de difícil acceso al sur de la población de Toba. Perteneció a los Manrique, adelantados de Castilla durante varias generaciones. Herencias y enlaces matrimoniales hicieron recaer su propiedad en los duques de Feria y Medinaceli. Hoy en día sólo quedan algunas ruinas de este magnífico castillo construido en el siglo XIV.

De finales del siglo XIV y comienzos del XV es la torre de Valdenoceda, que perteneció a los Velasco. En Quintana, dominando la población en un emplazamiento cargado de simbolismo se encuentra la torre de Loja, construida en el siglo XVI por la familia Saravia de Rueda. También en Quintana, la torre de San Martín, muy reformada recientemente, es un edificio renacentista mandado construir en el siglo XVII por el inquisidor Díaz Trechuelo. A la familia Huidobro perteneció la torre de Población de Valdivielso y el magnífico conjunto formado por una poderosa torre y un elegante palacio adosado a la misma, situados en el centro de Quecedo.

El comercio: la ruta de la lana

La lana fue durante siglos el principal producto de exportación de Castilla. Una de las rutas por las que la lana llegaba hasta los puertos del Cantábrico fue durante mucho tiempo la que descendía de los páramos por una vieja calzada medieval hasta el pueblo de El Almiñé y desde allí, cruzando el Ebro por el puente de Puente Arenas, se encaminaba hacia el desfiladero de los Hocinos. En el siglo XIX esta vieja calzada fue sustituida por un nuevo camino, el denominado camino de Burgos a Bercedo, que descendía por el puerto de la Mazorra hasta Valdenoceda.

La lana fue uno de los principales factores de la prosperidad de estos pueblos. De esta prosperidad queda constancia en la arquitectura urbana caracterizada por la calidad y elegancia de sus grandes palacios y casonas blasonadas y de sus grandes templos renacentistas y barrocos, que se integran espléndidamente con las construcciones populares que reúnen las características de la arquitectura tradicional de la comarca.

Grandes casonas y palacios como el de la familia De la Garza en Valdenoceda, los palacios de Puente Arenas, las casonas señoriales de El Almiñé, las de Quintana y Quecedo y el bello conjunto señorial de Arroyo, sorprenden por su gran calidad arquitectónica.

La industria: Fábricas de Valdenoceda

Un valle volcado hacia el exterior por sus buenas comunicaciones y que contaba con un recurso hidráulico importante como es el río Ebro, también tuvo su época de auge industrial. En el siglo XVIII la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas estableció en Valdenoceda una importante industria textil en la que se producían paños para su exportación a América. Posteriormente se transformaría en fábrica de harinas y más tarde en una fábrica de seda artificial.

Las rutas para caminantes

Dos senderos de gran recorrido atraviesan el valle de Valdivielso: el “GR-85 Ruta de los Sentidos” entra al valle desde Trespaderne y, tras pasar por Puentearenas, se dirige hacia El Almiñé para subir por la calzada que asciende hasta la ermita de Ntra. Sra. de la Hoz y entrar en el municipio de Los Altos. El “GR-99 Camino del Ebro” recorre la ribera del río desde el desfiladero de los Hocinos hasta Panizares. Desde allí, el sendero se dirige hacia Hoz para ascender a Tartalés de los Montes. Además, existen ocho senderos locales de distintas longitudes señalizados como PRC-BU 179 al 186.

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