Medina de Pomar

 Sobre un pequeño altozano situado a orillas del río Trueba, las viejas torres del alcázar de los Velasco, en lo alto de la ciudad de Medina de Pomar, constituyen el centro geográfico y simbólico del amplio sinclinal ocupado por los llanos de Castilla la Vieja. En torno a la ciudad, un extenso territorio llano y fértil, regado por los ríos Nela y Trueba, y salpicado por pequeños pueblos y aldeas compone el actual municipio de Medina de Pomar. La mayor parte de los casi cuarenta pueblos que componen el actual municipio formaron parte durante varios siglos de la jurisdicción de Medina de Pomar. Algunos otros pertenecieron a la Merindad de Losa y unos pocos fueron lugares aforados al Fuero de Vizcaya.

Estas tierras en las que nació Castilla conocieron el paso de pueblos y culturas diversas. Durante muchos siglos fue un espacio de contacto entre Cántabros y Autrigones. Roma estableció villas y salinas. Durante los primeros siglos altomedievales fue una tierra de frontera entre el emirato de Córdoba, el reino de León y el de Navarra. Tierra de frontera cuyos castillos dieron nombre a un condado y posteriormente a un nuevo reino: Castilla. En la antigua Medina de Castella Veteris, posteriormente llamada Medina de Pomar, y sus aldeas, judíos y moriscos convivieron con los cristianos, aunque no siempre pacíficamente.

Las salinas de Rosío

En su Historia Natural, Plinio el Viejo decía: “Nada hay más útil que el sol y la sal”. Para una sociedad organizada como la de Roma, la sal fue un recurso natural de vital importancia, sobre todo para la conservación de los alimentos. Fueron varias las explotaciones de sal que pusieron en marcha en Hispania. La de Salinas de Rosío fue una de ellas. En el término de las Molleras, a orillas del río Salón o Salado, una excavación arqueológica sacó a la luz un recinto de los primeros siglos de nuestra era relacionado con la explotación de las salinas. En este lugar fue hallado un interesante mosaico de grandes teselas.

Otro testimonio de la presencia romana en este territorio son los hallazgos realizados entre los pueblos de Torres y Villatomil. Junto a los restos de lo que se supone que pudo haber sido un hipocaustum se encontró un fragmento de una lápida con una inscripción y un relieve en la que se representa una escena familiar.

Los alfares de Bustillo

De los tiempos de la ocupación musulmana quedó en Medina, no sólo el nombre, ya que Medina significa ciudad en árabe, sino un importante contingente de población de religión, cultura y costumbres islámicas. Algunos de estos trabajaron al servicio de la familia Velasco. En la narración del viaje que realizó por España a mediados del siglo XV el barón Rozmital de Bohemia, Gabriel Tetzel, hablando de la corte del conde de Haro Pedro Fernández de Velasco, decía que “hasta en su corte hay cristianos, moros y judíos”, y “a todos les deja vivir en paz en su fe”.

Todavía a mediados del siglo XVI, en Bustillo, uno de los lugares aforados, es decir, adscritos al Fuero de Vizcaya, vivía una numerosa comunidad de moriscos tal como se deduce de un informe que el inquisidor Valdeolivas realizó en 1541. En este pueblo se han hallado abundantes fragmentos de cerámica y los restos de viejos hornos que hacen pensar en la existencia de una importante actividad alfarera en el lugar.

Los mercados de Medina

Medina de Pomar fue durante mucho tiempo el centro político y económico de la Merindad de Castilla Vieja. Hasta el siglo XVII se celebraban cinco ferias anuales y dos mercados semanales. En Medina estuvo también la aduana en la que se cobraban los impuestos de las mercancías, principalmente la lana, que circulaban entre la meseta y los puertos de mar.

En el desarrollo de la actividad mercantil de Medina jugó un importante papel la comunidad judía. La aljama judía, que había estado situada extramuros, quedó integrada dentro de la villa tras la ampliación del recinto amurallado a comienzos del siglo XV.

Cuando Felipe II recuperó para la monarquía el oficio de alcalde mayor de la Merindad, que había sido patrimonializado por los Velasco, y estableció en Villarcayo la sede del Corregimiento de las siete Merindades de Castilla Vieja, se inició un largo pleito entre las Merindades y Medina de Pomar relacionado con la celebración de ferias y mercados. Finalmente, como resultado de una concordia entre ambas partes, acordaron la celebración en Medina de un mercado semanal, los jueves, y tres ferias anuales, los días de La Ascensión, Santa Marina y San Miguel. La aduana, a pesar de los pleitos y reclamaciones de los representantes de las siete Merindades, continuó estando en Medina.

El monasterio de Rosales y el románico

Santa María de Rosales fue un pequeño monasterio familiar como tantos otros de los que proliferaron en las tierras de la Castilla Vieja y que fueron el germen de las comunidades que dieron lugar a las pequeñas poblaciones rurales que subsisten aún hoy en día. Bajo la advocación de San Miguel fue durante siglos una abadía seglar como la de Rueda o la de Vivanco de Mena. De aquel antiguo monasterio podrían proceder los interesantes dinteles mozárabes de talla plana que fueron reutilizados en otras construcciones de la localidad.

En el siglo XIV, la población de Rosales pertenecía al monasterio de San Miguel de Rosales. De aquel monasterio sólo queda su iglesia en la que aún se conservan algunos restos de su primitiva fábrica románica, así como un tosco relieve, una inscripción que recuerda la fecha de construcción, en 1122, y una excepcional pila bautismal rectangular bellamente decorada.

Elementos tanto estructurales como decorativos del estilo románico con el que fueron construidas las antiguas iglesias de estos pueblos se conservan en la iglesia de la Asunción de La Cerca, en la de Nuestra Señora de las Nieves de Criales, en la de los Santos Justo y Pastor de Pomar, en la de Nuestra Señora de las Torres, en la iglesia de Villarán y en la pequeña iglesia de San Millán, junto al convento de Santa Clara, en Medina.

A las altas torres de Medina de Pomar”

Pedro Fernández de Velasco, tras obtener el señorío de Medina en el año 1369, mandó construir el magnífico alcázar que todavía se yergue orgulloso en la parte más elevada del recinto amurallado de Medina de Pomar. En su construcción, probablemente sobre las ruinas de una fortaleza anterior, se siguieron modelos tomados de los castillos musulmanes en cuanto a las proporciones de los torreones y a la epigrafía de los frisos con los que se decoró su interior.

Lope García de Salazar cuenta en sus Bienandanzas e Fortunas que Pedro Fernández de Velasco “derribó todas las casas fuertes del linaje de Salazar, que fueron XXXVII casas fuertes de toda la parentela”. Muchas torres y castillos debió de haber en este territorio al que los cronistas árabes llamaban “al-qilá” y los castellanos “Castilla”. Hoy quedan algunos vestigios como el alcázar de Medina y la torre del siglo XVI situada sobre un montículo a las afueras de Návagos. De la torre de los Salazar en La Cerca sólo queda su recuerdo en las crónicas.

El monasterio de Santa Clara. Las fundaciones de los Velasco

Los Velasco tuvieron su casa solar en el pueblo de Bisjueces y se honraban de ser descendientes de Nuño Rasura. Medina, que ocupaba un emplazamiento estratégico para el control del territorio de la vieja Castilla, fue un objetivo de la familia Velasco desde comienzos del siglo XIV. A las afueras de la villa, Sancho Sánchez de Velasco y su mujer fundaron en 1313 el monasterio de Santa Clara y lo convirtieron en su panteón familiar. Más tarde sus descendientes realizarían nuevas fundaciones en el mismo lugar, como el Hospital llamado de la Cuarta fundado en el compás del monasterio por Pedro Fernández de Velasco y el Hospital de la Vera Cruz que fundó su nieto, el primer conde de Haro, a mediados del siglo XV.

Este logar es del Rey e fue siempre de los Reyes”

De esta manera se refería a Medina de Pomar a mediados del siglo XIV el libro Becerro de las Behetrías. Esta villa de la que los reyes estaban orgullosos y a la que habían concedido sus fueros en el siglo XII todavía era de realengo en 1352.

Tras la guerra fratricida que llevó al trono a Enrique II, este rey, conocido como “el de las mercedes”, se mostró agradecido con quienes apoyaron su causa. En 1369 concedió a Pedro Fernández de Velasco el señorío de Medina de Pomar además de otros varios señoríos. Medina se convirtió en el centro político del creciente poder del linaje de los Velasco. Andando el tiempo obtendrían importantes cargos, que convirtieron en hereditarios, como la alcaldía mayor de Castilla Vieja y el de Condestables de Castilla, así como propiedades, señoríos y títulos como el de condes de Haro y duques de Frías, entre otros.

Medina, una ciudad moderna

Abolidos los señoríos a comienzos del siglo XIX, Medina de Pomar formó con sus aldeas un ayuntamiento propio, en 1894 obtuvo el título de ciudad y en 1973 fue declarada “Conjunto Histórico-Artístico de carácter Nacional”. La ciudad de Medina de Pomar obtuvo el Premio C de Turismo en 1998, otorgado por la Junta de Castilla y León.

Medina de Pomar es una ciudad moderna que conserva aún una parte importante del conjunto urbano medieval con sus estrechas calles, restos de sus viejas murallas, algunas de las antiguas puertas de acceso al interior de la villa amurallada, las poderosas torres del alcázar de los Condestables, la bella iglesia gótica de Santa Cruz y algunas casas y palacios que destacan por sus elegantes fachadas y blasones.

En la iglesia de Santa Cruz se conserva un magnífico retablo de la escuela castellana de los siglos XV-XVI, procedente de la antigua iglesia de Salinas de Rosío. De la misma época es el retablo de la iglesia de San Andrés en Torres de Medina.

El alcázar de los Condestables acoge en la actualidad el Museo Histórico de las Merindades, en el que se conservan y se exponen al público interesantes restos documentales, arqueológicos, etnográficos e históricos de lo que fue la antigua Merindad Mayor de Castilla Vieja.

PATRIMONIO NATURAL

Riberas del Trueba y Nela

Los ríos Trueba y Nela, que nacen a pocos kilómetros en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, riegan las tierras del municipio de Medina de Pomar. Las riberas del Nela están incluidas dentro de la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Sus bosques de ribera destacan por la presencia de buenos ejemplares de alisos, sauces y chopos. El sendero “PRC-BU 142” recorre ambas riberas partiendo desde Medina por el Vado y Villacomparada.

Las Salinas de Rosío

El diapiro de Salinas de Rosío, de unos 34 km2, ha impregnado de salinidad el río que atraviesa la localidad, llamado Salón o Salado. Ya desde época romana ha existido en la villa una explotación de sal muy importante. Prueba de ello es el antiguo salero, que aún se conserva, y que cuenta con casi un centenar de eras.

Alto del Guardia, Montes de Betarres y Desfiladero del Jerea

Entre las localidades de Oteo, Cabañes de Oteo y Robredo, en el extremo noreste del municipio, en tierras que fueron de la Merindad de Losa, se eleva el Alto del Guardia, a 959 m de altura. Desde su cima, en la que se sitúa una torre de vigilancia forestal, se puede disfrutar de unas magníficas vistas del entorno. El sendero local “PRC-BU 138” recorre todo el monte desde la población de Oteo.

Entre las localidades de Betarres y Criales de Losa se extiende el monte de la Cruz. Un sendero de pequeño recorrido, el “PRC-BU 140”, recorre estos montes entre bosques de pinos y quejigos, pasando por el Alto de la Cruz, donde existe una torre de vigilancia forestal.

En las inmediaciones de la localidad de Criales, en el extremo más oriental del municipio de Medina, el río Jerea, proveniente del Valle de Losa, forma un pequeño y bello desfiladero.

Rutas para caminantes

En el término municipal de Medina de Pomar existen tres senderos de gran recorrido, el “GR-186 Caminos de Medina”, que recorre su territorio a lo largo de 73 km, el “GR-01 Sendero Histórico”, que atraviesa la zona norte del municipio y el “GR-1006 Ruta de los Monteros” que proviene de Espinosa y se dirige hacia Tobalina y Oña. Además, existen un total de 11 senderos de pequeño recorrido, nombrados como PRC-BU 134 al 144, que nos pueden ayudar a conocer mejor esta zona.

Bibliografía:

  • FABIÉ, Antonio María, Viajes por España, 1879.

  • GARCÍA SAINZ DE BARANDA, Julián, Apuntes sobre Historia de las antiguas Merindades de Castilla, Burgos, 2002.

  • LAPEYRE, Henri, Géographie de l’Espagne morisque, Paris, 1959.

  • MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo, Libro Becerro de las Behetrías. Estudio y texto crítico, León, 1981.

  • MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo, El Condado de Castilla (711-1038). La historia frente a la leyenda, Valladolid, 2005.

  • RUIZ VÉLEZ, Ignacio et alii., Arqueología del norte de Burgos, Villarcayo, 1987.

  • ZABALZA DUQUE, Manuel, Colección Diplomática de los Condes de Castilla, Junta de Castilla y León, 1998.