Alfoz de Bricia

 Al topónimo “Bricia” se le han atribuido diversas etimologías. Para algunos procede del nombre de origen celta “Bricius”, mientras que para otros autores se trataría de un fitotopónimo relacionado con la abundancia de brezos y de brezales que caracteriza la vegetación de los páramos por los que se extiende su territorio.

Por caprichos de la historia y de las delimitaciones territoriales de carácter jurisdiccional, su término municipal, que comprende once pequeños núcleos, se encuentra fragmentado en dos sectores entre los que se introducen territorios del cercano valle de Valderredible, perteneciente a Cantabria.

Patrimonio Natural

El territorio que ocupa el término municipal de Alfoz de Bricia se encuentra en una zona de montaña, a elevada altitud, rondando los 1.000 metros sobre el nivel del mar. Paisajística y orográficamente se pueden distinguir dos zonas de características diferentes. Los páramos llanos de escasa vegetación caracterizan la zona más oriental, mientras que la parte más occidental está formada por un relieve complejo de pequeños valles con fuertes pendientes excavados por arroyos de curso rápido en los que abundan los bosques de encina, roble y haya.

La pobreza de los suelos y la orografía de este territorio montañoso ha tenido como consecuencia una escasa intervención del hombre en la transformación de la naturaleza permitiendo en la actualidad disfrutar de unos paisajes y de un patrimonio natural de gran belleza y muy bien conservado.

Parte del término municipal del Alfoz de Bricia se encuentra enclavado dentro del Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón, concretamente la localidad de Campino y sus inmediaciones. Esta figura de protección resalta la gran belleza del paisaje, consecuencia de la acción de los ríos Ebro y Rudrón que han formado bellos desfiladeros. Todo el espacio está incluido dentro de la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Historia

Bricia cum suis villis ad suam alfocem…”

Así aparece mencionado el Alfoz de Bricia en el famoso y discutido documento del siglo X conocido como “los votos del Conde Fernán González” en el que se otorgaban determinados privilegios al Monasterio de San Millán de la Cogolla.

Durante el siglo X el Condado de Castilla se organizó en circunscripciones territoriales denominadas “alfoces”. Eran territorios que en la mayoría de los casos se articulaban en torno a un centro de poder representado por un castillo o torre, habitualmente situado en un lugar preeminente y en muchos casos herederos de los antiguos castros de la Edad de Hierro. La palabra “alfoz” deriva del árabe “al-hawz” con el significado de “la comarca” equivalente al “pagus” romano, es decir un territorio geográficamente delimitado. Todavía quedan algunos vestigios en la toponimia, tanto de antiguos castros de la Edad de Hierro como del castillo medieval desaparecido en el siglo XX. En Montejo de Bricia, se conservan algunos restos de un antiguo castro en el Pico Nava.

Este logar fue realengo e diolo el Rey don Alfonso a don Tello su fiio”

Hasta el siglo XIV estaba incluido en el territorio que se denominaba como “Peñas de Amaya hasta el mar”. En el siglo XIV aparece formando parte de la Merindad de Aguilar de Campoo como perteneciente a Don Tello señor de Lara y de Vizcaya, hermano de Enrique II y hermanastro de Pedro I. Desde entonces y hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX perteneció al marquesado de Aguilar.

En el siglo XV, como consecuencia de la articulación de la Corona de Castilla en corregimientos, pasó a formar parte del Corregimiento de las Cuatro Villas de la Mar de Cantabria y posteriormente del Partido del Bastón de Laredo ya en el siglo XVIII. Con motivo de la división territorial en provincias de comienzos del siglo XIX se integró en la provincia de Burgos a pesar de las reclamaciones que presentaron junto con otros ayuntamientos como Valdebezana, Alfoz de Santa Gadea, Hoz de Arreba y Zamanzas para integrarse en la recién creada provincia de Santander.

Durante la última Guerra Civil, al encontrarse en la línea de fuego del Frente Norte, fue escenario de importantes batallas.

Patrimonio histórico y artístico

Eremitorios rupestres

En Presillas de Bricia, el más meridional de sus pueblos, se encuentra uno de los más espectaculares eremitorios rupestres que salpican los pequeños valles de esta comarca del Alto Ebro. La llamada iglesia de San Miguel es un amplio recinto de dos pisos completamente excavado en la roca. Columnas y arcos de medio punto separan las tres naves de que consta y una escalera tallada en la roca permite el acceso al piso superior. Sus formas parecen posvisigóticas y es probable que sea un testimonio de eremitismo un tanto tardío (siglo X). Es probable que se tratara de una iglesia a la que acudirían para actos de culto comunes los eremitas que al parecer ocuparían otras cavidades próximas. En la misma roca se encuentra otra cavidad conocida como “Cueva de la Vieja” de planta cuadrangular en la que hay dos grandes huecos excavados en la roca que podrían ser piscinas bautismales.

En Montejo de Bricia, la “Cueva del Horno” y la “Cueva de la Tía Isidora”, ésta muy cerca del nacimiento del río Nava, son otros dos ejemplos de eremitorios rupestres en los que destaca la presencia de pequeñas cruces y otros signos grabados en las paredes de roca.

Arquitectura

Sus pequeños pueblos conservan bellos ejemplos de la arquitectura popular tradicional de la zona con buenas casas de piedra de estilo montañés con solanas de madera en el piso superior protegidas por muros laterales.

SP patrón de esta casa y de los Buxedo nos abra las puertas del cielo…”

Así se lee en una inscripción grabada en un sillar de la vieja ermita del conjunto palaciego de la antigua Granja de la Lastra situada en el término de Linares de Bricia y que perteneció a los Bujedo. El abandono y el olvido se han apoderado de lo que en otros tiempos fue un conjunto de poderosos y elegantes edificios que albergaba el palacio de los propietarios, la casa de los colonos, almacenes y una pequeña ermita dedicada a San Pedro.

En Campino, un potente torreón que destaca entre el resto de las construcciones exhibe una elegante ventana flanqueada por columnas y un antiguo escudo renacentista. Algunas casonas blasonadas en Villamediana de Lomas constituyen también una importante muestra de arquitectura culta y de prestigio.

Las iglesias de Bricia y de Lomas de Villamediana conservan sus cabeceras y algunos otros elementos de los primitivos edificios románicos. Son muy interesantes y de gran calidad las pilas bautismales de época románica que se conservan en las iglesias de Linares de Bricia, Lomas de Villamediana y Villamediana de Lomas.

Bibliografía:

  • BURGUEÑO RIVERO, Jesús, Geografía política de la España Constitucional. La división provincial, Madrid, 1996.

  • ESTRADA SÁNCHEZ, M., Provincias y Diputaciones. La construcción de la Cantabria contemporánea, 1799- 1833, Santander, 2006.

  • LÓPEZ MARTÍNEZ, Nicolás, Monasterios primitivos en la Castilla Vieja (S. VI-XII), Burgos, 2001.

  • MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo, Libro Becerro de las Behetrías. Estudio y texto crítico, León, 1981.

  • MONREAL JIMENO, Luis Alberto, Eremitorios rupestres altomedievales (El Alto Valle del Ebro), Bilbao, 1989.

  • DEL RIVERO, Enrique, Rincones singulares de Burgos. El sur de las Merindades, Burgos, 1998.

  • SACRISTÁN DE LAMA, José David, La Edad de Hierro en la provincia de Burgos, Burgos, 2007.